¿Rumbo a una nueva recesión?

¿Rumbo a una nueva recesión?

El Coronavirus o COVID-19, como se bautizó luego, amenazó el sistema de salud y contagió de pavor los mercados. Los científicos coincidieron en que la forma más apropiada de controlarlo es el confinamiento.

Hay un dicho que dice que los economistas se lo pasan media vida haciendo pronósticos y otra media vida explicando porqué estos no se cumplieron.

Ahora los mismos que proyectaron una recuperación de la economía en el 2020, prevén una recesión, quizás más profunda y de peores alcances sociales que la de 2009, que se empezó a gestar en 2007 y que derrumbó íconos bancarios como Lehman Brothers, llevó a la bancarrota a fábricas centenarias y destruyó 22 millones de empleos, según la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

La crisis de hace 21 años se imaginaba. La competencia por los clientes de ingresos inseguros pronosticaba una debacle hipotecaria y no hubo correcciones a tiempo. Pero esta tiene un origen inesperado, imprevisible porque los virus antes de convertirse en epidemias y en pandemias aparecen y se van propagando rápido hasta provocar el pánico.

Choque brutal

El Coronavirus o COVID-19, como se bautizó luego, amenazó el sistema de salud y contagió de pavor los mercados. Los científicos coincidieron en que la forma más apropiada de controlarlo es el confinamiento, aunque algunos gobernantes -pocos, por cierto-, consideren que primero está la economía.

Sin embargo, el choque ha sido brutal. Las bolsas, los precios de los productos básicos, el turismo, la industria, las manufacturas, la hotelería, el deporte, la recreación, el arte, la diversión y el transporte terrestre, entre muchas otras actividades, entraron en receso.

Entre tanto, los gobiernos tuvieron que abandonar la ortodoxia fiscal y las prioridades de inversión. Se vieron obligados a adoptar medidas de emergencia y atender gastos que jamás estuvieron en sus presupuestos.

Ningún grado de certeza

Ante esta súbita realidad, ningún pronóstico –por malo que hubiera sido-, alcanza las dimensiones de la crisis. Aunque es muy prematuro para considerar con algún grado de certeza el bajonazo económico, en el concierto internacional y nacional no son halagadoras las estimaciones.

Entre los primeros en advertir que el mundo afronta un colapso está el presidente del Grupo Banco Mundial, David Malpass, quien en mensaje virtual a los ministros del G-20 conformado por los países industrializados y emergentes, dijo, sin ambages, que vamos para una “gran recesión.” Es decir, crecer negativamente durante tres trimestres consecutivos o más.

Detrás de ese concepto, se esconden una serie de realidades que estimulan el empobrecimiento como disminución del consumo, caída en la inversión, baja producción de bienes y servicios, y desde luego despido de trabajadores.

Empleo, otro sacrificado

En un escenario de incertidumbre prolongada, la OIT estima que se podrían perder 24.7 millones de empleos. En una versión más prudente el impacto sería de 5,3 millones de puestos de trabajo, pero en cualquier caso ocurrirá “un aumento exponencial del subempleo”, ya que las consecuencias económicas del brote del virus se traducen en reducciones de las horas de trabajo y los salarios.

Quién no tiene dudas de que el Coronavirus reversó cualquier posibilidad de crecimiento económico este año y que se necesitarán muchos esfuerzos y capital para recomponer el mundo es la directora-gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Kristalina Georgieva.

“El mundo, dijo, ha entrado en una recesión tan mala o peor que la de 2009.” Para la economista, el grado de contracción del PIB mundial este año y el ritmo de recuperación dependen directamente de la velocidad en el control de la pandemia, y de la fuerza y coordinación de las medidas de política monetaria y fiscal que se implementen.

Por ahora, las cifras de infectados y muertos siguen creciendo. El virus ya llegó a África, el continente más pobre del mundo, donde los servicios sanitarios son precarios, y una expansión sería aún más catastrófica.



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