Las ciudades inclusivas y sostenibles ya no son un mito.

Las ciudades inclusivas y sostenibles ya no son un mito.

Grandes ciudades, donde se genera cerca del 80% del PIB mundial y donde habita alrededor el 50% de la población, ya no son viables y en el futuro no serán incapaces de resistir una pandemia como el coronavirus. Otra gran lección del virus de Wuhan.

La idea de construir ciudades futuristas, amigables, incluyentes y sostenibles ambientalmente es vieja, inclusive en Colombia el entonces presidente Belisario propuso el desarrollo de Marandúa, una metrópolis en la Orinoquía, que sería la capital administrativa del país, un polo de desarrollo agrícola, industrial y comercial, movida con generación eólica, una idea del italiano Paolo Lugari.

Se alcanzaron a realizar estudios y construir una pista, y según Betancur Marandúa no era un sueño sino una realidad, un polo de desarrollo de la “Nueva Colombia”. Allí habría 1,5 millones de hectáreas disponibles para la agricultura, suficientes para alimentar a tanta gente como fuera necesario y generar excedentes para exportar.

Pero el proyecto no contó con los recursos suficientes. En la década de los 80, se presentó la famosa crisis de la deuda externa, el país estuvo al borde de la cesación de pagos y como decía el propio Belisario en intervenciones de minutos en televisión, “somos buenas pagas, pero vivimos en un mal barrio”. Después de la toma del Palacio de Justicia, del terremoto de Popayán y la catástrofe de Armero, con sus 25.000 muertos, nadie volvió a mencionar a Marandúa.

Ahora, a raíz de la pandemia del coronavirus, los urbanistas y organismos internacionales que trabajan en los temas del desarrollo, han retomado con entusiasmo la necesidad de poner en marcha las ciudades inclusivas y sostenibles. El Banco Mundial, por ejemplo, acaba de elaborar un estudio donde señala que este tema ha dejado de ser un mito y argumenta con cifras la necesidad de poner en marcha verdaderos proyectos de este tipo, pues considera que, ante el colapso de la pandemia, este es el camino hacia la recuperación y el desarrollo.

“La urbanización ha sido una de las fuerzas impulsoras más importantes del desarrollo en el mundo en los últimos tiempos. Más de la mitad de la población mundial vive en una ciudad y esa proporción seguirá aumentando rápidamente hasta alcanzar el 70% en 2050”, advierte el BM.

“El hacinamiento en las grandes urbes dificultan la ejecución de políticas públicas orientadas a la salubridad y el control de pandemias como la del coronavirus.”

Según este organismo, creado para la reconstrucción y el fomento luego de la Segunda Guerra Mundial, cuando se gestiona apropiadamente, el proceso de urbanización puede crear oportunidades para mejorar las condiciones de vida, proporcionar una vía para salir de la pobreza y funcionar como motor del crecimiento económico.

Pero la mayoría de las urbes del mundo son focos de hacinamiento, desigualdad, inequidad y pobreza extrema. En ellas se genera, dice el BM, aproximadamente el 80% del PIB global, y sin embargo son altamente vulnerables. Un caso: con el aislamiento preventivo obligatorio establecido a raíz de la pandemia, muchas de ellas quedaron bloqueadas, sin más opción que paralizar su actividad económica, social y cultural.

¿Qué hacer? Ante la crisis de la pandemia se deben adoptar medidas prácticas por parte de las autoridades, señala el organismo, entre ellas las siguientes:

  1. Planificar, crear y proteger los espacios públicos. Es fundamental repensar la escala, el diseño y la distribución espacial de los espacios públicos, que incluyen las aceras, los parques, los lugares abiertos y los establecimientos públicos, como bibliotecas y centros comunitarios. Esto es especialmente importante en las ciudades hacinadas de los países en desarrollo, donde la superficie útil del hogar es limitada y las familias generalmente son numerosas. Esta medida mejoraría el distanciamiento social y las actividades recreativas, a la vez que brindaría oportunidades para optimizar la respuesta y la recuperación ante la COVID-19. Por ejemplo, los terrenos de Goregaon, un parque natural de Mumbai, India, y la villa deportiva de Hyderabad se están utilizando como centros de cuarentena provisionales. En Atenas, Grecia, está previsto asignar 50 000 metros cuadrados de espacio público para ciclistas y peatones, incluida una “gran pasarela” de 4 millas que conectará los sitios arqueológicos en el centro histórico. En Dublín, Irlanda, se han reservado franjas de tierra para peatones y ciclistas, a fin de facilitar el distanciamiento físico, en el marco de un “plan de movilidad temporal” que podría prolongarse. En Bogotá, Colombia, los funcionarios municipales han construido 70 kilómetros de carriles exclusivos para la circulación de bicicletas, y en Auckland, Nueva Zelandia, se ha restringido el derecho de paso vehicular para ampliar el ancho de las aceras, a fin de facilitar el distanciamiento social. Estos cambios no solo harán que sea más seguro trasladarse en estas ciudades en un mundo transformado por la COVID-19, sino que también mejorarán la habitabilidad para los habitantes de vecindarios hacinados.
  2. Modificar las reglamentaciones para crear una mayor superficie útil. El hacinamiento aumenta la densidad al reducir la cantidad promedio de espacio útil por persona, mientras que la altura permite lograr una densidad económica al agregar pisos y superficie útil. Sin embargo, las estrictas normas sobre densidad generalmente restringen las alturas de los edificios y la cantidad de propiedad que se puede construir en una parcela de tierra. Esto limita artificialmente la superficie útil que se puede edificar, como se observa en las zonas centrales de San Pablo, Brasil, y en Mumbai. Es preciso organizar las ciudades en zonas más pequeñas de densidades diferenciadas, basadas en la capacidad y la demanda de infraestructura, especialmente, el transporte. Los vecindarios urbanos necesitan una densidad de “Ricitos de Oro”: ni muy alta ni muy baja, sino “perfecta”.Asimismo, debe tenerse en cuenta que la densidad “perfecta” cambia con el tiempo y varía según el vecindario. Los vecindarios urbanos pueden aumentar la densidad económica mediante instrumentos de financiamiento y recuperación de plusvalías inmobiliarias, que también influyen en los valores y la demanda de la tierra. En San Pablo se adoptó un enfoque similar cuando se subastaron los derechos de edificabilidad.
  3. Movilizar financiamiento para infraestructura urbana y mejorar las condiciones de vida en los barrios marginales e informales. La necesidad más acuciante es el acceso al agua potable y al saneamiento. Los grifos de agua públicos y los baños comunitarios son servicios esenciales; sin embargo, dado que suponen un contacto estrecho entre las personas, también son zonas críticas de transmisión de enfermedades. Todavía más preocupante es el hecho de que estas instalaciones pueden aumentar la desigualdad de género. Las mujeres que utilizan los servicios comunitarios pueden verse expuestas a mayores riesgos relacionados con la higiene durante la menstruación o a amenazas físicas por la noche, y las jóvenes se arriesgan a desaprovechar sus estudios si dedican muchas horas a buscar agua. Es necesario ampliar las intervenciones focalizadas que mejoran la capacidad del Estado y la comunidad, combinadas con el financiamiento para infraestructura y servicios. La planificación y el financiamiento deben estar interconectados, no desarticulados. Por ejemplo, además de invertir en infraestructura y servicios para los vecindarios, mediante el Programa Nacional de Mejoramiento de los Barrios Marginales en Indonesia (KOTAKU), se ha fomentado la participación ciudadana dentro de los barrios marginales y se ha mejorado la capacidad de planificación del Gobierno local. No solo han mejorado las condiciones de vida, sino que el incremento general de la capacidad ha permitido que estas comunidades respondan con más eficacia a la pandemia mediante la implementación de videoconferencias en línea, el seguimiento de la salud en la comunidad y los protocolos para las obras de construcción.
  4. Garantizar los derechos de propiedad y sobre la tierra. Sin la tenencia segura de la tierra y la propiedad, los habitantes pobres, ya sea de asentamientos ilegales o informales, tienen pocos incentivos para mejorar las condiciones de sus viviendas. El riesgo de desalojo o demolición reduce las inversiones que los pobres de zonas urbanas pueden realizar para mejorar su vida. La regularización de la tenencia de la tierra y la propiedad para los ocupantes ilegales y colonos informales se ha relacionado con aumentos de los valores de las tierras y las propiedades, importantes inversiones en la consolidación de las viviendas y otros beneficios socioeconómicos, por ejemplo, mejores resultados en materia de educación y salud, para los niños de muchas partes del mundo.
  5. Propiciar los cielos azules. Cuando las intervenciones dirigidas a frenar la propagación del virus sacaron a los vehículos de la calle y cerraron las empresas contaminantes, los habitantes de muchas ciudades de los países en desarrollo disfrutaron de cielos azules y aire puro por primera vez en décadas. En Manila, por ejemplo, las emisiones de NO2se redujeron en un 65%. El aire puro hace que las ciudades sean más habitables y productivas, a la vez que fomenta el desarrollo del capital humano. Actualmente, las ciudades tienen una oportunidad única para preservar la calidad del aire mientras se recuperan sus economías. En Egipto, el Gobierno tiene previsto ampliar la red del metro de El Gran Cairo para brindar servicios a 6 millones de pasajeros por día en 2025, en comparación con los 3,5 millones que puede transportar en la actualidad. Asimismo, tiene previsto otorgar subsidios a los propietarios de automóviles particulares a fin de ayudarlos a convertir sus vehículos para que funcionen con gas natural. El aire puro no solo mejorará los servicios locales, sino que también generará un beneficio secundario mundial al reducir la intensidad de las emisiones de carbono. En resumen, es fundamental que los paquetes de estímulo relacionados con la COVID-19 aprovechen esta oportunidad única para impulsar la economía y, a la vez, contribuir a un futuro más sostenible y mitigar los impactos del cambio climático.

Atributos de las ciudades modernas

  • Inclusión espacial: la inclusión urbana demanda proporcionar servicios asequibles, como vivienda, agua y saneamiento. La falta de acceso a infraestructura y servicios esenciales es una dificultad cotidiana que deben enfrentar muchos hogares desfavorecidos;
  • Inclusión social: una ciudad inclusiva debe garantizar igualdad de derechos y participación para todos, incluidas las personas más marginalizadas. Recientemente, la falta de oportunidades de los pobres de las zonas urbanas y la mayor demanda de participación de aquellos socialmente excluidos han empeorado los disturbios sociales en las ciudades;
  • Inclusión económica: generar empleos y darles a los residentes urbanos la oportunidad de disfrutar de los beneficios del crecimiento económico es un componente crucial de la inclusión urbana en general.

Fuente: Banco Mundial



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