La peste que puso en jaque los modelos gerenciales

La peste que puso en jaque los modelos gerenciales

“Nada de lo proyectado por el gobierno ni por los analistas para el 2020 se cumplirá y además todos los ejercicios de planeación y ejecución del sector privado quedaron reducidos a la nada.”

Antes de finalizar el 2019 los encargados de las finanzas y las ventas en las empresas cazaban proyecciones de expertos y las metas de variables económicas formuladas por ministros y autoridades monetarias, cambiarias y crediticias.

Todo indicaba que se salía de una desaceleración de la economía y que se empezaba una curva ascendente con tasas positivas para el 2020. El Gobierno primero le apostó a un crecimiento del 4,0 y luego lo sitúo en 3,6%, sospechando una lenta recuperación mundial, donde no era clara la solución de la guerra comercial entre Estados Unidos y China y la fórmula para el retiro del Reino Unido de la Unión Europea.

La Junta Directiva del Banco de la República, un poco más conservadora, pronosticó un repunte del PIB que lo llevaría al 3,3% con una tasa de inflación situada en la parte inferior de ese largo rango que oscila entre el 2,0 y el 4,0%. 3,0% sería magnificó, aseveró el gerente del Emisor, Juan José Echavarría.

La dura realidad

Una cifra gruesa que utilizan los empresarios para sus metas la dio a conocer el gobierno por decreto el 26 de diciembre: 6,0% sería el aumento salarial para este año, con lo cual el mínimo pasó a 980.657 pesos, incluido el auxilio de transporte.

Con el optimismo del gobierno y las previsiones racionales del Banco de la República y de analistas, el sector privado armó sus metas, sus portafolios de servicios, sus proyecciones de ventas, los márgenes de rentabilidad, la penetración en el mercado, programó eventos y hasta armó proyectos de transformación, donde el uso de las aplicaciones y herramientas tecnológicas serían esenciales para aumentar la competitividad y satisfacer las tendencias del consumidor.

Sin embargo, muy lejos de Colombia, a más de 20 horas de vuelo en un Airbus A320, algo extraño estaba sucediendo en Wuhan, China. El 1 de diciembre se identificó un brote de neumonía en un grupo de personas, suceso que se reportó a la Organización Mundial de la Salud (OMS) el 3 de enero del 2020.

Al principio, solo se rumoraba sobre la presencia de un virus, pero en Wuhan la infección se propagó de forma inusitada y luego se detectó en otras ciudades de China, en Corea del Sur y en Irán y enseguida en Italia, hasta que el 30 de enero la OMS consideró la enfermedad como emergencia de salud pública de preocupación internacional.

Las alertas

Con esa declaratoria, el mundo quedó notificado de una epidemia denominada inicialmente Coronavirus y entonces lo que parecía lejano, a 15.980 kilómetros de Bogotá, se fue convirtiendo en amenaza propia, con espiral alcista en la tasa de cambio, caída en los mercados de valores y declive de los precios internacionales del petróleo, afectados de por sí por el fallido intento de la OPEP por reducir la oferta de crudo.

El país entró en estado de alarma y en una controversia frente a la oportunidad de cerrar las fronteras, suspender los vuelos internacionales y establecer una emergencia sanitaria con aislamiento preventivo obligatorio y otra serie de medidas de carácter excepcional. Lo cierto es que el virus ya estaba en territorio propio. El primer caso fue diagnosticado el 6 de marzo y según el Instituto Nacional de Salud, se encontró en una joven que ingresó al país procedente de Milán (Italia) el 26 de febrero.

Todo cambió

De ahí en adelante nada fue igual. El país entró en un proceso de incertidumbre, el sector privado recibía constantemente información confusa y controversial, empezaron a aplazarse y suspenderse grandes eventos, hoteles y aerolíneas recibían a diario cancelaciones de reservas y tiquetes, el dólar alcanzó récords históricos día tras día, el precio de las acciones se desplomó y el petróleo –que aún sigue siendo la principal fuente de ingresos de Colombia, sin ser un país petrolero-, rompió la barrera de 30 dólares el barril cuando en el plan financiero se programó para el presente año a 60,5 dólares.

Cada gremio, cada junta directiva empezó a preguntarse qué hacer. La planeación con la que empezó el año quedó vuelta añicos ante la nueva realidad. Algunas empresas optaron por las vacaciones anticipadas de sus trabajadores, la supresión de algunos empleos, la reducción de salarios, el teletrabajo y hasta el cierre temporal de operaciones.

Avianca, que viene de atrás con vientos financieros en contra, se vio obligada a dejar sus aviones en tierra, Ecopetrol (la vaca lechera del gobierno) anunció un millonario recorte en costos y gastos de 2 billones de pesos y el comercio entró en receso.

Realidad sofocante

Los modelos de gerencia que se sustentan en teorías como la planeación, la organización, la ejecución y el seguimiento, fueron devorados por la sofocante realidad. Todo –lo de corto, mediano y largo plazo-, quedó reducido al día a día. “No se puede programar nada porque esto cambia cada hora”, afirmó el presidente de una destacada compañía, que ha visto caer sus ventas en un 80%.

Arturo Calle, el destacado empresario de las confecciones, decidió cerrar indefinidamente sus tiendas y fábricas en todo el país, aunque optó por mantener el pago de salarios, fiel a su teoría de que lo principal es la “felicidad de nuestro personal”. Las metas de mercadeo se fueron al traste.

“El seguimiento que se hace a cada uno de los indicadores del negocio ha sido reemplazado, en gran parte, por el seguimiento a la evolución de la emergencia y a la interpretación de los decretos que expide el gobierno”, afirma el analista de riesgos, Ricardo Durán.

Por ahora los Ceos de las empresas, nacionales y extranjeras, grandes, pequeñas y medianas están concentradas en ver cómo se acogen y que beneficios tienen en los decretos y reglamentaciones de la emergencia económica.

Cada quien está mirando qué nichos del mercado les queda y pueden aprovechar, así sea con fórmulas improvisadas. Los que cerraron esperan el levantamiento del aislamiento preventivo obligatorio, de la posible prórroga, y cómo reiniciar actividades en un escenario incierto.

Expectativa

Los pronósticos de la economía cuando se derrote el contagio serán erráticos y posiblemente diferirán dependiendo la duración de la pandemia, el costo fiscal, la capacidad de recuperación de cada país, las expectativas de los empresarios y el nuevo orden mundial, entre otros factores, considera el exministro Rudolf Hommes.

Lo más posible es que el término desaceleración brusca de las economías sea muy condescendiente y se tenga que hablar de una nueva recesión, según el premio Nobel de Economía y profesor de la Universidad de Princeton, Paul Krugman.



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