¡El líder debe contagiar!

¡El líder debe contagiar!

No bastan los títulos ni la experiencia ni la categoría del cargo. Ayudan y hacen parte de la formación y la trayectoria, pero no siempre se traducen en liderazgo, un atributo personal que adquiere una relevancia superlativa en momentos de crisis como la que afronta el mundo actualmente a raíz de la amenaza del coronavirus.

Tipo de liderazgos hay muchos. ¿Cuál es el indicado para momentos inesperados? Siempre se requerirá; debe ser una característica inmutable de los dirigentes en todos los tiempos y a toda hora. No es opcional, afirma Jorge Yarce, catedrático, filósofo y presidente del Instituto Latinoamericano de Liderazgo (ILL).

Pero hay un rasgo diferenciador inherente a un buen líder: la capacidad de contagiar. Contagian esperanza, certidumbre, transmiten emociones positivas en medio de la incertidumbre, influyen, generan credibilidad y confianza, inspiran seguridad y positivismos.

Eso sí, no son unos charlatanes ni vendedores de falsas ilusiones. El líder para tiempos de crisis debe ser capaz de articular una visión, difundir su ejemplo y brindar contención, afirma Pedro de la Fuente, catedrático argentino, quien señala que en épocas de turbulencia se necesitan personas creíbles, coherentes, respetadas y escuchadas, que sean capaces de motivar a quienes dependen de ellas y poder llevar a cabo su misión.

En estos momentos se hace más preponderante el liderazgo situacional. Ese que en las empresas es capaz de identificar las necesidades y preocupaciones de clientes y colaboradores.

Su eficacia presente y futura depende mucho de la empatía, la comunicación eficaz y oportuna, el entendimiento de los miedos y la capacidad de transformar los mismos en actitudes menos catastróficas sin ocultar la realidad. Ese líder no se esconde. Actúa, gestiona el factor humano y potencia las habilidades de los integrantes de su equipo.

Según Yarce, autor de 20 libros sobre ética, liderazgo y filosofía, la comunicación entre el líder y sus colaboradores debe ser auténtica y sin ambigüedades. Evita lo artificial que muchas veces supone su labor como cabeza visible.
En la literatura del modelo situacional se tiene como axioma que los líderes son espejos emocionales. Sus comportamientos se reflejan en el resto de los miembros del equipo. El contagio emocional influye en el liderazgo. Y al contario, las actuaciones negativas secuestran la atención y desestimulan el trabajo.

De La Fuente, en una exposición sobre el liderazgo en momentos de crisis, advirtió que, si el líder no es capaz de transmitir convicción, de obrar sin dudas, de ocultar sus temores y hacer gala de sangre fría, de determinación, de coraje, no sirve. No será creíble, no será seguido, no cumplirá con su misión de conductor.

Debe por lo tanto sacar fuerzas de sus miedos, sin delatar, sin dejar que se trasluzca el temor que lo embarga.



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