El gran dilema del rastreo de contactos

El gran dilema del rastreo de contactos

Una forma de contrarrestar la propagación del COVID-19 consiste en rastrear la información de los ciudadanos, pero surge el debate de hasta dónde se pone en riesgo la privacidad de las personas.

Especial Impacto TiC*

El aprovechamiento de los datos ha demostrado ser muy importante en estos tiempos en los que cuidar la salud y tomar decisiones inteligentes ha sido la prioridad, pero lo será mucho más ahora que los países buscan recuperar las dinámicas económicas, comerciales y sociales en el menor tiempo y de la forma más segura posible.

En los últimos días hemos visto la manera en que países como España e Italia, dos de los más afectados por la pandemia, han empezado a reabrir algunos de sus establecimientos comerciales y anuncian nuevas políticas para relajar los confinamientos en junio y julio. La forma en que los países están tomando este tipo de decisiones está basada en la trazabilidad de contactos, hecha a partir de la información del estado de salud de la población.

“Las entidades gubernamentales están utilizando el rastreo de contactos para identificar a las personas que pueden haber estado expuestas a amenazas para la salud, como el nuevo coronavirus.”

Las entidades gubernamentales están utilizando el rastreo de contactos para identificar a las personas que pueden haber estado expuestas a amenazas para la salud, como el nuevo coronavirus, ya sea a través del contacto directo con una persona con COVID-19 o con alguien que haya estado muy cerca de esa persona.

Los investigadores

Los investigadores intentan identificar y notificar rápidamente a todos los contactos potenciales, romper la cadena de transmisión si es posible, proporcionar evaluaciones médicas cuando sea necesario y poner en cuarentena los contactos si son (o se vuelven) sintomáticos. Otro resultado del rastreo de contactos es influir en las políticas de salud pública a través del estudio de las cadenas de contaminación.

Como suele suceder cada vez que se trata de información de los ciudadanos, el tema de la privacidad de los datos se convierte en un asunto de consideración muy importante. Para un tema tan crítico como lo es el de preservar la vida de las personas, el acceso y procesamiento de la información debe revisarse en un marco de equilibrio. No se deben radicalizar posiciones en torno a compartir información para que los gobiernos puedan recurrir a la trazabilidad de contactos como medida eficaz para tratar de reactivar la economía, sin que haya nuevos brotes masivos de la enfermedad, pero también sin afectar la privacidad de las personas.

Siempre se comparte

Lo que se debe entender es que siempre habrá matices y maneras de hacer las cosas. Por un lado, es claro que los excesos nunca deben presentarse, pero por otro, resulta curioso que los usuarios se preocupen porque van a compartir información básica de su estado de salud en las plataformas que están habilitando los gobiernos para ayudar a la población, pero no les moleste compartir mucha más información privada en diferentes actividades virales en redes sociales.

Antes que nada, hay que entender que el objetivo del rastreo de contactos es disminuir la propagación y la duración de una epidemia o pandemia. Con la pandemia de COVID-19, el rastreo de contactos tiene el efecto de ayudar a los gobiernos a saber cuándo es seguro comenzar a reabrir ciertas actividades económicas y sociales e identificar y alertar rápidamente a las personas sobre el inevitable resurgimiento de brotes.

Una práctica desconocida, pero antigua

Aunque el seguimiento de contactos puede parecer un concepto relativamente nuevo para el público en general, esta práctica ha sido utilizada por los funcionarios de salud durante décadas, como un intento de evitar una variedad de enfermedades transmisibles, al identificar minuciosamente los puntos de transmisión y desacelerar la propagación de la enfermedad en las comunidades.

De hecho, el estado de Nueva York reveló recientemente su plan de rastreo de contactos, el cual exige la contratación de hasta 17.000 rastreadores para ayudar en la lucha contra la pandemia de COVID-19. Francia está contratando grandes brigadas de rastreadores de contactos. Bélgica está contratando más de 2.000 ‘detectives de la corona’ para una población de aproximadamente 11,5 millones de personas. No todos estos rastreadores de contactos están en el campo. Algunos estarán en centros de atención telefónica, otros trabajarán con datos entrantes y otros serán expertos en salud pública.

“Con la pandemia de COVID-19, el rastreo de contactos tiene el efecto de ayudar a los gobiernos a saber cuándo es seguro comenzar a reabrir ciertas actividades económicas.”

Incluso, la universidad Johns Hopkins en los Estados Unidos lanzó recientemente un curso gratuito diseñado para personas que se dediquen a o que quieran conocer más sobre las actividades de la trazabilidad de contactos para el COVID-19. En este curso, los estudiantes aprenderán sobre la ciencia del virus y la evidencia de cómo este se transmite de persona a persona y por qué el rastreo de contactos puede ser una intervención de salud pública muy efectiva. Estos esfuerzos modernos de rastreo de contactos se pueden mejorar utilizando capacidades de visualización y analítica avanzada de redes de contactos, las cuales ayudan a los funcionarios de salud pública a descubrir tendencias y patrones de contactos, y combinando datos de salud disponibles públicamente, ayudan a comprender enlaces faltantes o inesperados en los datos de contacto, quién debe ser examinado, dónde se está propagando el virus o qué comunidades están en mayor riesgo.

Balance entre el bienestar general y privacidad

Pero entonces, ¿qué pasa con la privacidad de los datos? El rastreo de contactos recopila datos que a menudo pueden considerarse como sensibles, según las leyes de privacidad existentes en cada país, por ejemplo: el nombre, la dirección, el número de teléfono, la dirección de correo electrónico y, por supuesto, el estado de salud.

La discusión sobre los datos para hacer la trazabilidad de contactos todavía es un tema de conversación, sobre todo por las preocupaciones de privacidad reales que todos tenemos. El nivel de intrusión en la privacidad de un paciente (y el de la red del paciente) varía de un país a otro.

Para tratar de mitigar este problema, los funcionarios de salud pública pueden recurrir nuevamente a la ciencia de datos, esta vez para ayudar a proteger la privacidad. Los científicos de datos pueden usar técnicas como el enmascaramiento, la anonimización y la seguridad basada en roles, para mantener un equilibrio saludable entre la privacidad y la buena salud pública.

Es importante tener en cuenta que algunas leyes de privacidad de datos rigen, pero no prohíben, el rastreo de contactos. Los debates continuarán, lo importante es que haya un balance correcto entre el bienestar general y la privacidad individual.

Balance correcto

El gran dilema es que si no tomamos medidas contra la epidemia, el número de personas infectadas y muertes seguirá aumentando. Pero a la vez, si las medidas para detenerla son demasiado estrictas (como las cuarentenas prolongadas), entonces estas podrían provocar un fuerte daño en la economía y en la vida de las personas a mediano y largo plazo.

Es por esto que la trazabilidad de contactos se convierte en una solución muy importante para lo que será la segunda fase de la pandemia, que consiste en el levantamiento de las medidas de confinamiento obligatorio, para lograr la reactivación económica del país, pues dicha solución, permitirá identificar las relaciones de los casos de contagios, para apoyar tanto a las personas como a las empresas, a detener la transmisión en los diferentes entornos y comunidades.

*Especial Impacto TIC

Colaboración de Javier Rengifo, manager de Customer Advisory para SAS Colombia & Ecuador.



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