Bacterias y virus tienen sus anfitriones predilectos

Bacterias y virus tienen sus anfitriones predilectos

Cuando todo esto termine, quizás se tendrá mayor conciencia sobre la abundancia de gérmenes que nos rodean y de la importancia de saber dónde están, cómo los portamos y qué medidas preventivas adoptar.

Como si hubiera perdido la capacidad de asombro y sus investigaciones y aportes a la ciencia fueran asuntos triviales, el microbiólogo y especialista en inmunología, Edgardo Moreno, reveló al periódico La Nación de Costa Rica, una cifra que produce escalofrío: en el ser humano viven 48 billones de bacterias y alrededor de 60 billones de virus.

Sin embargo, no todos son ofensivos o tienen la capacidad de hacer daño. El cuerpo humano los contrarresta con su poder inmunológico, en su mayoría cumplen funciones definidas que ayudan al proceso metabólico o protegen de la acción de otros microorganismos que si podrán resultar dañinos. Además, dice el científico, en una persona habitan varios miles de millones de hongos y millones de ácaros.

Moreno advierte que por cada organismo dañino hay millones de millones beneficiosos. Pero en toda esta constelación de virus y bacterias, existen unos que son asesinos y que nos acechan en el propio hogar, en el trabajo, en el quehacer diario y hasta en el amor.

Enemigos invisibles

Hay un sinnúmero de formas de contagio, pero los virus, por ejemplo, entran por la boca, la nariz y los ojos, llevados involuntariamente por las manos, sobre todo por la predominante. Y bacterias y virus tienen una serie de anfitriones favoritos. El inodoro es uno de ellos.

Cada vez que se jala la palanca del retrete viajan en el aire miles de gérmenes, señala una investigación sobre hábitos de higiene en el hogar realizado por la Fundación de Estudios para la Salud y la Seguridad Social (Fess) y la Universidad de Barcelona, en España.

Agréguele que muchas personas van al baño y no se lavan las manos, saludan con la derecha y repiten la acción. Sin embargo, el inodoro se asea, generalmente, todos los días. En cambio, rara vez limpiamos el celular, el teclado del computador, la billetera donde depositamos el dinero o protegemos los alimentos antes de llevarlos al carrito del supermercado.



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